Archivo de la etiqueta: Carta

La Odisea: Carta a Ulises

Hoy en lengua, Camila nos dio la opción de escribir una carta hacia Ulises ya sea desde el punto de vista de Penélope o de Telemaco. Yo elegí la segunda:

Ulises había partido a Troya cuando su pequeño era tan solo un niño. Telémaco se había criado sin palabras de su padre, sin sus consejos, sin poder hablar con él. Por eso tenía mucho para decirle y contarle, mucho para preguntarle, y decidió escribirle una carta. CONSIGNA: imaginar y escribir una posible carta de Telémaco a Ulises.

Querido Padre,

Ya tantos años de vida transcurridos, y yo sigo sin verte. Me causa una inmensa tristeza pensar en lo que podría haber sido mi vida contigo en ella. Mi madre está muy afligida por tu ausencia, y más todavía por el hecho de que nos llegaron rumores diciendo que pronto habrá miles de pretendientes hostigandola en la puerta de nuestro hogar.

Todos los días observo a los otros chicos de mi misma edad y al ver a la mayoría ser aconsejados e influenciados por sus padres, se me hace trizas el corazón. Todavía recuerdo el día en que te fuiste a la guerra, es un recuerdo borroso ya que yo era pequeño, pero es una de las más valiosas memorias tuyas que tengo. Tengo una pregunta para ti, en caso de que tu venida no sea próxima, me gustaría saber que debería hacer en caso de que los pretendientes se aprovecharan de tu ausencia y de mi inocente madre.

Además de estas cosas que acabo de contarte, te quiero decir lo mucho que te extraño y ansío tu regreso. Estoy plenamente agradecido de ser hijo tuyo, alguien que lucha con ingenio, y que reina un pueblo a base de la honestidad y generosidad. Me llena de orgullo poder decir que tú eres mi padre, y espero, de corazón, haber heredado no solo tu ingenio y astucia, sino también tu buen juicio y bondad.
Te quiero,
Telémaco.

Carta del capítulo 6

Oxford, Inglaterra , 3 de

Julio del 2017
Queridos Padres:
Les escribo esta carta con el propósito de contarles como sigue mi vida aquí, en Londres, y para descargarme un poco dado al momento de sensibilidad por el que estoy pasando a causa de la muerte de Mrs Eagleton, que les conté previamente.
Mi día empezó más tarde de lo debido, cosa que pasa cuando uno no programa el despertador. Había olvidado la ausencia de la anciana pero al ver un jardín solitario volví a la realidad. Pase por un kiosco y tome el diario Locales el cual estaba encabezado por la noticia de la muerte de Mrs Eagleton y la nota ,que el periodista pudo llevar a cabo gracias a la entrevista que nos hizo a Beth y a mi, en la que el daba a entender que sus sospechas estaban inclinadas a Beth al igual que las del inspector.
En un apuro, leí velozmente los papers que me entrego Emily Bronson , persona con la que hablaría en el almuerzo sobre los papeles. Para no perder tiempo luego de la reunión, me prepare el bolso de tennis rápidamente para ir directo desde Oxford College.
Luego de mi charla con Emily acerca de los papers, de cómo me sentía respecto a la muerte de mi ex-anfitrióna y de Seldom y su difunta esposa, me dirigí a las canchas de tennis. Me sorprendió encontrar solo a Lorna y no a John y Sammy, nuestros rivales en los dobles. Cuando me acerqué a ella me saludo y sin perder la oportunidad me dijo, entusiasmada, que ella sabía que Beth no había sido la culpable del crimen y que ella sabía que le faltaba algo a la historia , al saber que yo no podía contarle alguna cosas sobre el asesinato.
Fui al vestidor a ponerme mi ropa de gimnasia y luego volví para jugar con Lorna. Ella daba unos definidos golpes, con una fuerza y determinación increíble. Ya exhausta, cayó al polvoriento piso y yo fui a ayudarla preocupado. La vi y su mirada me cautivó, lo que me llevo a darle un cálido beso en los labios. Nos retiramos en su auto rumbo a su casa para continuar con el nacimiento de este nuevo romance.
Llegamos a su casa y me llamo la atención la gran colección de libros policiales que se encontraban en sus estantes, todos ordenados.
Solo un libro no estaba en su lugar, el libro de Seldom, cuyas palabras estaban subrayadas enfáticamente y cuyos márgenes estaban escritos con notas ilegibles , parecidas a códigos, que no pude llegar a descifrar. Finalmente , Lorna y yo intimamos, aunque yo no pude sacarme las sospechas de mi cabeza.
Con mucho cariño,
Guillermo